Antes se realizaba la instalación de Microsoft Windows con ayuda de un disquete, un CD-ROM o un DVD. Mientras que el primer elemento hace ya tiempo que dejó de usarse, los discos ópticos también están desapareciendo poco a poco. En su lugar, el sistema operativo se incluye bien en la partición del sistema del nuevo ordenador, bien se descarga junto a una licencia digital directamente de la Red.
No obstante, si se quiere utilizar un dispositivo externo, entonces se recurre a un USB de arranque por razones obvias: es tan rápido y compacto como un disco óptico e igual de apto para (re)instalar un sistema y, además, resulta de gran utilidad al poder aplicarse en otros ámbitos.



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